Las manchas aparecen en las manos, el rostro (frente, mejillas, labios, mentón) y la parte superior del tórax, y se deben a la producción excesiva y al depósito de un pigmento, la melanina, presente de forma natural en la epidermis de todas las personas. No hay un mayor número de células productoras de melanina, sino células que producen un exceso de gránulos de melanina y cambian el color de la piel.
Hay manchas planas de color marrón claro, amarillo, gris o rojo, que se aclaran al reducir la exposición solar. Son más frecuentes en personas de piel clara, aunque también aparecen en pieles de distintos tonos. Suelen ser más oscuras en verano. En los hombres son relativamente raras.
Las pecas son también discromías de las pieles claras, de color marrón claro, marrón o negro, que suelen atenuarse en invierno.
El uso regular de protector solar puede impedir su aparición y su empeoramiento. Evitar la exposición solar es la principal medida preventiva contra las manchas. Cuando no se puede evitar la exposición al sol, hay que aplicar un protector solar con un SPF alto.
Tras el examen del dermatólogo y la valoración del tipo y la profundidad de la lesión, se propone el tratamiento más adecuado.
Existen muchos tratamientos tópicos que pueden utilizarse para el melasma. En una primera fase se trata de forma local actuando sobre la síntesis de melanina (sustancias despigmentantes), con protección frente a la radiación solar mediante fotoprotectores de alta protección y cremas cubrientes por motivos estéticos.
Si las manchas son más profundas, se eligen peelings químicos o incluso láser, aplicados por el dermatólogo especializado sobre las hiperpigmentaciones para evitar complicaciones. En los casos de melasma, la piel es especialmente sensible y requiere mucho cuidado en la elección del tratamiento para no empeorar el problema.